¿Gabino o el gobierno? 100 días de críticas a la personalidad

100 días de Gabino Cué/Foto tomada de gabinocue.org

OAXACA, México.- Si algo resume estos cien días de gobierno de Gabino Cué Monteagudo en Oaxaca, es que él es el “Estado”; aunque no lo sea, pero así se ha configurado la crítica al gobierno de la alternancia en Oaxaca.

¡El negro (sistema) no tiene la culpa, su alma es blanca y pura!

Primero, hasta este momento no ha existido una crítica puntual al gobierno, sino una a los personajes. Los supuestos críticos se han movido en la idea de heroicidad que incita a la violencia y con ello no se han movido ni un renglón del viejo discurso de criticar al político y no a todo el aparato gobernante.

En este sentido, las instituciones no son las culpables de que el gobierno sea inoperante, intolerante, inestable y lleno de oportunidades para resolver sus asuntos de manera violenta, corrupta y sólo en los canales privados de la política, que nadie ve y conoce. No es algo para simples mortales, sino para los elegidos.

En efecto, la crítica que circula en Oaxaca ha evitado criticar a las instituciones del sistema político oaxaqueño y de manera especial el modelo de relación que existe entre las organizaciones del poder ejecutivo, legislativo y judicial. Para los críticos que se han movido en este tenor, las instituciones no tienen la culpa, sino los políticos que están en ellas y que, como verdaderos demonios, se han aprovechado de las instituciones, que para variar, son blancas y puras.

Gabino, la buena persona

Es más sencillo enmendar una crítica sensacionalista o amarillista a un hombre que a una institución, pues esta última resulta existir en un nivel analítico, lo cual no se puede llevar a un juicio periodístico y en los medios, ya que no hay forma de que conteste, sino que serían los especialistas los que hablarían de y por ella. Ante esto, lo sencillo es convertir al político en dios o demonio, es real, tiene nombre, cara y, sobre todo, boca para responder y tener con quien confrontarse.

Los críticos que vienen del viejo régimen autoritario han buscado la confrontación directa con el gobierno, pero no llamándole gobierno, sino Gabino Cué y a sus secretarios, sólo “idiotas útiles” que tratan de cubrir al líder que es denostado en los medios. La censura, la demanda ante la justicia por calumnia o difamación, solo los convertirá en mártires.

Por supuesto, para que esta forma de crítica personal al gobernante, que no implica al gobierno como un todo, funcione, se necesita una retroalimentación. Si algo ha fallado en estos cien días de gobierno de la alternancia en Oaxaca ha sido la secretaría de comunicación social o la que se encargue de la relación con los medios de comunicación. O sea, no hay una estrategia de comunicación ante la prensa oaxaqueña que permita proyectar una imagen del gobierno hacia la población, sino hasta este momento se ha proyectado la imagen de Gabino Cué. ¡Él no es el Estado, ni siquiera el gobierno!

La legitimidad del gobierno de la alternancia se ha ido perdiendo poco a poco por la falta de respuestas del gobierno de Oaxaca que critiquen la falta de instituciones de corte democrático, sus respuestas se han basado en tratar de apaciguar las coyunturas, resumiendo esto a la lucha por el poder por parte de los grupos políticos que conforman el sistema político oaxaqueño, pero en ningún momento ha mostrado su interés en la transformación de las instituciones para que tengan corte democrático.

La cuestión a la que se ha llegado es que la característica positiva del gobernante se reduce a decir de él que “es una buena persona”, pues no se destaca su capacidad de interlocución política, sus discursos, su visión de estadista, su vocación democrática, etcétera. Hay que llenar este rango, diciendo que es -simplemente- una “buena persona”.

El análisis de los 100 días de gobierno, con esto, ha quedado reducido a señalar lo que le ha pasado al gobernante, como si él fuera el Estado.

Gobernante, Gobierno y Estado

Hasta este momento no he hecho una distinción clara y fundamental sobre gobierno y Estado. Primero, no son lo mismo; segundo, uno está al interior (gobierno) del otro (Estado) y; tercero, uno se transforma (Estado) en gran manera dependiendo del cómo se gobierna y el para qué se gobierna.

Si algo se tiene que analizar en estos 100 días de gobierno de la alternancia, son las muestras que han dado los nuevos gobernantes de hacia donde quieren dirigir su gobierno. Al menos se tiene que hacer en dos niveles, por una parte, se debe revisar el discurso de los nuevos gobernantes y la narrativa que se utilizó durante el régimen autoritario; por otra parte, se debe revisar si el gobierno ha realizado acciones que intenten modificar la forma en que se realiza la política en el Estado oaxaqueño y si esta se distingue de gobierno pasados, al menos los últimos tres.

Vale aclarar que a diferencia de la alternancia federal, en Oaxaca siguen haciendo falta aquellos grupos de investigadores, organizaciones de la sociedad civil, grupos universitarios que estén financiando y promoviendo la creación de herramentales metodológicos que nos permitan comenzar a medir al gobierno de la alternancia. Espero surjan las encuestas para medir la percepción ciudadana, pero también sería bueno tener de manera cuantitativa y cualitativa la medición del gobierno de la alternancia en lo que ha hecho y en qué áreas del Estado quiere incidir.

Mientras no se tengan estos herramentales que nos permitan verificar lo que se está haciendo en las organizaciones del gobierno, es complicado tener una base, valga la redundancia, “verificable” ante uno mismo (gobierno) y la ciudadanía. O sea, la transparencia y la rendición de cuentas no se reduce a poder preguntarle al gobierno, sino que también debe contar con la posibilidad de medirlo y tener herramentales para hacerlo.

Gobernante

Si en estos 100 días de gobierno se va a analizar a Gabino Cué, sólo se estará analizando al personaje, al gobernante, su estilo de gobernar y relacionarse con el gobierno. Saber, como decía Manuel González Oropeza en su trabajo “El Presidencialismo”, si este es un político “dinámico” o “pasivo”; si es “optimista” o “pesimista”. Se podrá establecer que dependiendo de su carácter, carisma, se relaciona de determinada forma con la burocracia o si su estado de ánimo incide de alguna manera en el comportamiento de su círculo cercano. Pero no por ello se puede reducir al gobierno en el gobernante, ni siquiera en un régimen totalitario o autoritario. Por supuesto, Gabino es el capitán de un barco que depende de él para hundirse o no.

Ahora, si el objetivo en estos 100 días de gobierno de la alternancia es hacer una revisión general del gobierno, pensar en que sólo con analizar al gobernador basta es inverosímil y sí una estrategia para descalificar de manera tendenciosa a los nuevos gobernantes.

Gobierno

En su libro “Política y Gobierno” Karl Deutsch escribe un interesante capítulo titulado “Los participantes en la política: Quién hace qué con quién”. El autor parte de aquellas ideas de Lasswell que se resumen en la frase de que la política es el estudio de la “influencia y el influyente”. En este sentido, los dos autores reconocen que hay un líder visible de todo el gobierno, el cual puede ser presidente, primer ministro o -como en el caso de Oaxaca- gobernador, pero a pesar de toda la popularidad, carisma y legitimidad con la que puede contar, necesita de la cooperación de las personas que encabezan las dependencias que lo rodean.

Ya Max Weber señalaba que el crecimiento de la población en los Estados – Nación conduciría a que el poder de un gobernante se tuviera que ir delegando en diversas organizaciones que ayudaran al gobierno a atender las demandas de la sociedad, permitiendo así que el primero contara con estabilidad y legitimidad. Weber se refería al llamado “Estado – Burocrático”, el cual tiene una importancia trascendental en los actuales gobiernos y más cuando estos emanan de un proceso electoral en el cual no han ganado por un alto margen de votos o cuando han emanado de una coalición que en cierta forma es meramente coyuntural o se comparten bases normativas, objetivos, pero no la forma de ejercer el gobierno.

El gobierno de la alternancia cae en el caso de las “alianzas” partidistas que se han convertido en gobierno y que ahora buscan cierta estabilidad y seguir manteniendo una base común, empezando de lo mínimo, para no terminar con un gobierno dividido que les lleve a la estabilidad, aunque el reto es mayor que mantenerse unidos en campaña, pues en el gobierno ya no sólo se trata de propuestas, sino de comenzar a dar resultados.

Si los nuevos gobernantes que han llegado a las dependencias de gobierno no logran entender que ellos no mandan al 100%, sino que tienen que hacerlo con aquellos que desde hace años o décadas se encuentran instalados en ellas, los burócratas, por más que intenten hacer las cosas, los supuestos subordinados no lo harán.

Aunque el gobernador o su círculo cercano elaboren un plan de acción, si el jefe de la dependencia y sus principales funcionarios, que han estado en diversas administraciones, no se sienten identificados con el plan o se entusiasman con él, pueden gastar todos los recursos en aparentando que operativizan el plan y simplemente este no se hace realidad.

El gobierno, utilizando los términos de Karl Deutsch, se compone de una élite superior y el gobernante depende de esta para poder llevar acabo sus planes de acción. En este sentido, se puede enumerar en el gobierno de Oaxaca dependencias como: la Secretaría General de Gobierno, el Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO), Secretaría de Seguridad Pública, entre otras. Estas dependencias se vuelven fundamentales por el lugar que ocupan en el sistema de gobierno, pero también por el lugar que ocupan en el sistema político y su relación con los grupos opositores, de presión o intereses.

En Oaxaca el IEEPO es una pieza importante para lograr mantener un gobierno estable no por la dependencia, sino por lo que representa la Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE).

Para analizar al gobierno de la alternancia en Oaxaca, no sólo basta con observar la élite central, aquella que rodea al gobernador, sino también a la élite superior, encabeza por los burócratas. Grupo que en el momento que no esté de acuerdo con los gobernantes termina paralizando al aparato gubernamental y así generando inestabilidad en el sistema político, pero también en el Estado.

Si se va a analizar el gobierno de la alternancia, se tiene que hacer una revisión de lo que ha cambiado en las dependencias de gobierno, los planes de acción que se han propuesto, si es que esto ha ocurrido, o si ya se están llevando acabo. Por supuesto, una revisión importante, si se toma en cuenta el contexto, o sea, tener claro que estamos en un proceso de transición, consiste en revisar que se ha hecho para distinguirse del viejo régimen autoritario y sobre todo, saber que se ha logrado para comenzar a erradicar las viejas prácticas de hacer política en las dependencias y si estas han pasado del discurso a la acción, si esto es así, saber si en verdad han logrado resultados positivos.

Lo importante en los 100 días de gobierno de la alternancia es conocer su operatividad, si se está implementando algo “nuevo”, de corte democrático, para desaparecer los cánones autoritarios con los cuales se realizan o realizaban las cuestiones de gobierno y las demandas de los ciudadanos en las dependencias.

Por otra parte, así como se verifica al gobernador, también se debe poner atención en los secretarios que encabezan cada dependencia. Recuperar esta parte de la psicología política de la que habla Manuel González Oropeza, o sea, saber si son dinámicos, pesimistas, optimistas y pasivos. También, estar al tanto de su narrativa y que esta se haga en los hechos. Una cosa son los discursos y otra cuando en los actos sus palabras quedan ridiculizadas.

Puede ser que en este evento, encontremos a todos los involucrados en el acto más bochornoso y que nos muestra la eficiencia del gobierno de la alternancia: el enfrentamiento entre la sección 22 y la Policía Federal en el marco de la visita de Felipe Calderón Hinojosa (FCH) y su encuentro con Gabino Cué en el Palacio de Gobierno.

En este sentido, se puede notar que no sólo falló el gobernante, si así se quiere anotar porque él es la cabeza en la estructura vertical, sino sus funcionarios públicos involucrados. El caso más penoso, el de Marco Tulio López Escamilla, el cual fue arrastrado por integrantes de la Sección 22, cuando debería tener ya planeada una estrategia o plan B si se llegaba a dar un enfrentamiento. Pero sobre todo, se puede reconocer que el funcionario no supo actuar en el momento del conflicto, pues su actuación fue “egocéntrica”, pensando que su pura presencia podía lograr un diálogo con los inconformes, aunque estos lo reconocieron como uno de los orquestadores de la “represión”, pues ¿quién planea la seguridad en este tipo de actos? El Estado Mayor Presidencial que se coordina con los funcionarios del gabinete de seguridad del Estado de Oaxaca, Marco Tulio estaba enterado de cómo se iba a realizar el operativo, pero también tenía que saber como actúan los integrantes de la Sección 22, con los cuales los policías de Oaxaca conviven diariamente o sea, al 100%, le falló la inteligencia y su inteligencia.

Ejemplos como el que acabo de mostrar en el párrafo anterior se deben de dar para poder hacer un balance del gobierno de la alternancia en estos 100 días.

En este mismo renglón se localizan los diferentes políticos mentirosos que ocuparon al menos tres dependencias de gobierno sin tomar en cuenta las reglas que el mismo gobernador había mandado al poder legislativo. No sólo no tenían título, sino que en el caso de Alfredo Ahuja Pérez lo falsificó. En este hecho de los falzatti, como lo llamó la prensa en Oaxaca, todo el gobierno tuvo la culpa. Primero, permitieron que políticos que no cumplían las reglas obtuvieran puestos, demostrando que nadie verificó a quién se estaba poniendo y que todo se trataba de pago de cuotas y amiguismo. Segundo, los políticos de la alternancia no mostraron vocación democrática y sí que lo único que les interesa es estar en el poder. Tercero, hasta el momento no se cuenta con datos duros que nos permitan verificar si esto molestó a los ciudadanos. Queda claro que los medios de comunicación los hicieron trisas.

Estado

El Estado no es Gabino, pero tampoco su élite central. El Estado somos todos, desde aquellos que participamos activamente en política, pasando por los que solamente van a votar, hasta llegar a los que no les interesa hacerlo.

El Estado puede ser definido como un concepto político que refiere a un modo de organización política y social soberana y coercitiva, pero también tenemos que agregar que cuenta con un territorio limitado y una población específica, aunque muy posiblemente plural en su interior. Esto nos lleva a agregar el término “Nación”, que por una parte tiene una acepción jurídico – política que está relacionada con la soberanía constituyente de un Estado, pero también tiene que ver con su acepción cultural, o sea, que una nación cuenta con características culturales comunes, que no borran la pluralidad albergada, a las que dota de un sentido ético-político. Vale la pena aclarar en esta última afirmación que lo ético-político se refiere a lo político, o sea, los valores y tradiciones que una determinada nación practica en su vida política. Si en esta nación está permitido que las hombres tengan muchas mujeres, a nadie sorprenderá que el gobernante las tenga, sino que cumplirá con las normas de lo político. Si en una nación está prohibido que la mujer participe en política y una de ellas lo hace, es muy probable que no sólo reciba una andanada de críticas, sino que puede ser hasta perseguida o encarcelada.

He definido de manera general el Estado – Nación de manera separada, porque los 100 días de gobierno también se pueden analizar desde lo que ha pasado en la sociedad oaxaqueña y en la sociedad política. Con esto, se puede comprobar que no sólo se trata de analizar a la “buena persona” que es Gabino Cué, sino que la política y la transición política depende de todos.

Es muy cierto que de manera general los oaxaqueños, al menos la mayoría, salieron a votar por un cambio en el gobierno y de grupo político, pero también es cierto que hasta el momento no se sabe a ciencia cierta cuántos de los que estaban votando por el cambio apostaban por la construcción democrática.

El punto es que algunos podían apuntar a la construcción de un gobierno que no cayera en lo tiránico que fue Ulises Ruiz Ortiz y todos los que hoy son diputados federales por el PRI. En esta idea, es muy probable que buscaran la construcción de un régimen autoritario con nuevos acuerdos con los grupos que se confrontaron en el 2006.

Si esto es así, se puede entender que hasta este momento no haya una oposición organizada desde la sociedad civil o que se esté organizando para comenzar a ocupar el espacio público en la apuesta por la democracia.

Por otra parte, tenemos que entender que la sociedad también pudo salir a votar el 4 de julio del 2010 y después decidió dejar todo al gobierno y que se volverá activar, como una evaluación de lo que hicieron a los que le encargaron el “changarro de la vida en sociedad” en el 2012.

Pero más allá de analizar solamente al gobierno en estos 100 días, también se deben buscar los eventos, actos y hechos que han realizado las organizaciones de la sociedad en este periodo de tiempo y lo que ha cambiado en su comportamiento en comparación con el viejo régimen.

Instauración democrática

Considero incompleto y tendencioso aquellos análisis que se realizarán en estos días sobre los 100 días del gobierno de la alternancia y que sólo se basen en Gabino Cué Monteagudo, para decir que así va el gobierno, como he demostrado, él no-es-el-Estado.

También incompletos aquellos que señalen que “así va Oaxaca”·con el gobierno de la alternancia y se queden solamente en el analizar al gobierno, porque dejan de lado a la sociedad, que también es un componente del Estado – Nación.

Es más oportuno contextualizar a los políticos, gobierno y sociedad, bajo términos como sistema político, transición política y ciudadanía, si esto se logra, permitirá tener un mejor análisis de lo que está pasando en Oaxaca, pero para ello tenemos que partir del lugar en el que nos encontramos.

Primero, lo sucedido el 4 de julio del 2010 vino a confirmar que Oaxaca se encuentra en un proceso de Transición Política y que esta se dio, siguiendo a la teoría de la transición, porque el grupo que había ostentado el vértice del sistema político perdió las elecciones. Las críticas que se pueden hacer a la anterior afirmación van desde aquellas que consideran que los políticos que ahora están en el poder emanaron de Partido – Estado, pero vale la pena recordar que no ganaron bajo estas siglas y que sí rompieron públicamente con este partido, logrando converger en otros partidos opositores con grupos que no habían estado en el partido hegemónico de Oaxaca o que se integraron a la política por estar en desacuerdo con este.

Al final de cuentas, la transición política se ha dado ahora que el centro del poder político de Oaxaca ha dejado de ser priista, la cuestión es ¿ahora en dónde estamos? La fase en la que estamos es la instauración democrática y esta termina cuando se ha puesto en clave democrática, al menos en los ejes centrales, al sistema político, pero esto también implica que la democracia tiene que tener en la sociedad una cultura política ad hoc con ella.

Si algo se tiene que verificar en estos 100 días de gobierno es si el gobierno de Oaxaca ha mostrado interés y trabajo por contribuir en la instauración democrática en Oaxaca y si la sociedad oaxaqueña empieza repeler a la política como violencia.

Por supuesto, hay una deuda de la ciencia política con el proceso de transición política en América Latina y tiene que ver con la creación de herramentales para medir la instauración democrática, pues la mayoría de los herramentales que se mueven bajo la variante de “democracia de calidad”, o sea medir la democracia realmente existente, se han realizado para medir la etapa de “consolidación democrática” que es la que sigue a la instauración democrática. O sea, si vamos a medir la instauración democrática en estos 100 días de gobierno, tendríamos que empezar por definir qué se va a medir y verificar que sea viable al fin.

Por supuesto, nos podemos emocionar con los análisis coyunturales que pueden tener de título “100 días en el infierno de Gabino” “Cuando en 100 días Oaxaca alcanzó el cielo” “100 estupideces para 100 días de estupidez en el gobierno de Gabino”, etcétera, pero vale la pena distinguir entre aquellos que van enfocados en denostar o adorar al mandatario y no demuestran que su análisis vaya de la mano con sus conclusiones, de aquellos que plantean el objetivo de su análisis coyuntural diciendo qué van a analizar y sobre todo, que sus conclusiones sean sobre lo analizado y no una pinche narrativa de algo que nunca se encontró en su texto.

 

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NOTA: Publicado el 7 de marzo en el suplemento político “Ágora”

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