Este puede ser el proceso electoral más complejo que haya vivido un instituto electoral en México por la cantidad de cargos a elegir. No solo se eligen cargos federales sino cientos de procesos a nivel estatal y local.

El tema de la federalización del sistema político como de las instituciones de gobierno en la democracia mexicana siempre ha avanzado de forma desigual. Precisamente la institucionalización con un piso mínimo democrático a nivel estatal era un pendiente debido a los grupos que controlan el poder político por territorio.

A nivel estatal o local se eligen 2777 cargos de elección popular entre gobernadores, jefes de gobierno, diputados locales y presidentes municipales. Esto significa que la mayoría de las elecciones que se realizan en este proceso electoral definirán la estabilidad y posibles avances de nuestra democracia.

A este número hay que sumar los 629 cargos a nivel federal. En otras palabras un nuevo mapa del poder político emergerá de estas elecciones.

Después de 18 años de alternancia en el poder federal y tres décadas de cambios visibles en la construcción de instituciones con corte democrático, la debilidad de este largo proceso se encuentra a nivel estatal. Desde hace tiempo, los interesados en la política hablan de nichos de poder por territorios, virreyes se ha nombrado a los gobernadores que con los espacios que ha dejado la ley mantienen esquemas autoritarios para gobernar, culturas políticas que inhiben la aparición de la ciudadanía y su participación en el espacio público. A nivel estatal y local se gobierna con la mano dura del autoritarismo, se viven como algo normal los conflictos de interés y la sociedad civil es débil, poco institucionalizada y organizada, son los resabios autoritarios que han logrado sobrevivir en el proceso de instauración democrática de México.

Es cierto que el avance de la democracia en México ha servido para dar confianza a las inversiones extranjeras, colocar una marca positiva de México a nivel global y oxigenar áreas de la sociedad que pedían mayor libertad, pero tampoco han dado más por mera voluntad. Por otra parte, a lo largo del proceso de instauración democrática las desilusiones han crecido sobre ella y los autoritarismo se han reforzado.

Es probable que la democracia mexicana esté jugando una de sus últimas cartas en el área de los procesos electorales en este elección, al permitir que sea el Instituto Nacional Electoral, INE, quien al involucrarse a nivel estatal en los procesos electorales y con su peso federal, equilibre el poder de los grupos políticos a nivel regional y estatal. Si falla ¿hay mas opciones para recuperar la confianza? Lo dudo.

En efecto, las instituciones electorales estatales o locales no lograron soportar la presión de los grupos políticos y muchas veces, por ser parte del juego político, respondieron a los intereses de los partidos políticos.

Una de estas muestras en este proceso electoral es cómo las instituciones estatales se han comportado de forma desigual en el país con las candidaturas independientes. Un ejemplo emblemático es Puebla con la intención del exrector de la UDLAP, Enrique Cárdenas, de ser candidato a gobernador. El trabajo del instituto estatal fue invisibilizar esta nueva figura para participar en política.

En este sentido, Cárdenas ha tenido que ir ganando sus espacios en los tribunales y contra un piso que no garantiza que pueda obtener las firmas que necesita. Sin duda, el ciudadano que aspira a ser candidato vive en una absoluta soledad gracias a que las instituciones electorales no hacen lo necesario para permitir su participación.

Los medios de comunicación tampoco ayudan, siguen enquistados en la vieja lógica de ver solo al centro del poder político y no han construido una agenda horizontal que permita tener una visión más amplia a los electores sobre lo que van a elegir y a quienes.

La interrogante es si la ciudadanía está preparada para procesar toda la información que le permita elegir a sus nuevos gobernantes y si existe la información necesaria para saber a quién se está eligiendo y qué propuesta de futuro. Por supuesto, el reto mayúsculo es luchar contra el exceso masivo de información inútil que solo ha generado desinformación, sin olvidar las fake news.