Gabino Cué, palabra y acción

Gabino Cué, ruptura entre palabra y acción.
Gabino Cué, ruptura entre palabra y acción.

A la democracia, basta y sobra con la opinión de sus ciudadanos, o sea, expresar lo que pensamos sobre los temas públicos. A los políticos y gobernantes no les basta la opinión, la palabra, necesitan la acción, materializar la palabra.

Un político electo, para gobernar democráticamente, que no cumple con su palabra desgasta la confianza, erosiona la credibilidad de las instituciones y termina con la imagen de los políticos, que a la postre, se convierte en odio a la política. Aunque esta última se vuelve a imaginar desde los ciudadanos.

Gabino Cué es un ruler ship manda coercionando lo he sostenido desde tomó la decisión de hacer el distribuidor vial de Cinco Señores en la ciudad de Oaxaca,pues solo buscó a los grupos que podrían respaldar su decisión y evito a los críticos. Solo cuando estos se organizaron, decidió escucharlos, pero nunca se atrevió a proponer una consulta para escuchar la opinión de los ciudadanos.

Acciones similares guían la resolución de los problemas políticos de Oaxaca, sea para atender demandas de grupo, económicas o sociales. En este sentido, el gobierno atiende a los grupos hasta que logran pasar el umbral que provoque manifestaciones en contra de las acciones de gobierno o puedan enfurecer habitantes. El PRI aplicó la lógica de la administración del conflicto que ocupa Cué. Al lado de esta fórmula mantenida, que solo crea modelos de presión que se basan en la violación de derechos de terceros, está separar la palabra de la acción.

Cuando la palabra se separa del hacer, se dice una cosa, pero no se hace, inacción, o se hace lo contrario. Realizar declaraciones generales que se puedan interpretar de distintas manera, solo permite el surgimiento de demagogos, la democracia se pervierte por medio de la palabra.

Hannah Arendt -la teórica o pensadora política que estudió los totalitarismos y no democracias sostenía que parte de los males de la política del Siglo XX era utilizar la palabra, el discurso, para calmar los ánimos de los demandantes, pero no para resolver sus problemas. Surge la idea en la ciudadanía que todos los políticos prometen y nadie cumple.

En su ensayo “Cómo se pierden las democracias” -publicado en el número 170 de Letras Libres-, Julio Hubard recuerda que la democracia es una estructura de palabras, nacen, viven y “mueren con el uso de la voz… Discurrir es el vehículo de la participación política”, nuestra primera acción en el espacio público sobre las cosas públicas.

Cuando un político promete una cosa -como Cué prometió investigar, evaluar, aplicar “descuentos” a la Sección XXII del SNTE- y no lo hace, está pervirtiendo el uso de la palabra en la política, provocando que el discurso se convierta en el arma más poderosa para destruir la democracia.

Es cierto que este actuar de decir algo y accionar de forma incompleta, no hacerlo o modificar el sentido de la palabra se utiliza para intentar ganar estabilidad en el sistema político, pero el sistema no puede estar por encima del bien común de los ciudadanos. La inestabilidad en la sociedad siempre es mayor a la estabilidad del sistema político. La inestabilidad en la ciudadanía termina por provocar cambios en el sistema, pero el sistema siempre debe adelantarse a esos cambios, favoreciéndolos para evitar la violencia.

El problema con Cué es que está desgastando el bono democrático que se obtuvo en las elecciones del 2010. En esta elección se eligió a la democracia como forma de gobierno, no solo el triunfo de una opción distinta a las más de ocho décadas de PRI en Oaxaca.

El conflicto magisterial -herencia del régimen autoritario- no se soluciona porque el gobierno no ha permitido que los ciudadanos expresen su palabra sobre el mismo. La única forma de medir esta opinión es por medio del voto, o sea, votar para saber qué tipo de educación quiere el oaxaqueño, eso se logra por medio del referendum-el procedimiento por el cual la ciudadanía expresa su opinión sobre una ley o acto administrativo.

Hasta el momento los únicos que expresan sus palabras son los políticos. Cué a dicho que “quien no labora no debe de devengar”, como es el caso de los maestros. Pero ante el miedo, la búsqueda de la estabilidad gubernamental, Cué ha preferido cambiar eso por “retener”. La palabra ya no vale, se chantajea el significado para beneficios personales, no públicos.

Hubard atina cuando dice que a la “larga, resulta mucho más lesiva una devaluación de la palabra que de la moneda” en la democracia, pues las palabras se “vuelven veleidosas, la política se transforma en una jungla moral, donde el deprador [el político] es capaz de embaucar con falsedades a un público de inteligencia disminuida”. En efecto, Cué con sus actos demuestra la concepción que tiene de los oaxaqueños, seres con “inteligencia disminuida”.

A los políticos, los ciudadanos deben dejar en claro que para que México avance, no basta con hacer como que se hace, ¡hay que hacer! Hacerlo con valor, pues ningún grupo de interés dejará como si nada el poder que ostenta. La democracia no es para cobardes, tampoco para violentos.

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Nota: Una versión de este texto se publicó en número de septiembre de la revista Mujeres.