Después de Chávez, la caída del chavismo

Nicolas Maduro, al centro, observa el ataúd que contiene a Hugo Chávez. / Foto. Gobierno de Venezuela.
Nicolas Maduro, al centro, observa el ataúd que contiene a Hugo Chávez. / Foto. Gobierno de Venezuela.

Con la muerte de Hugo Chávez, el chavismos inició su caída, que sea corta o larga depende del carisma y habilidad política que tenga su sucesor -Nicolás Maduro.

El llamado “chavismo” no tiene como característica principal a un Estado Burocrático que permita la operatividad de un Estado Autoritario -como fue México con el PRI y que en gran parte se mantiene- o Totalitario -como fue la Unión Soviética. Lo construido por Chávez fue un gobierno personalista, efímero como la vida del fundador.

El gobierno personalista se caracteriza por el carisma de la figura política en la cual basa su éxito y que permite perdonar los errores de los subalternos cuando el líder lo pide a los gobernados.

Es necesario aclarar, como lo propone Max Weber en sus estudios sobre la legitimidad del gobernante, que la figura política carismática siempre es única e irrepetible.

Anita Brenner, cuando escribía sobre la idea de “la profecía” en las comunidades indígenas previas a la conquista -especialmente en México- señalaba la aparición de un mesías que la hacía realidad. La profecía terminaba cuando el mesías fallecía y el mundo se derrumbaba para volver a resurgir y esperar -en sufrimiento- un nuevo mesías.

Chávez fue el chavismo, ante su ausencia habrá algo nuevo. El chavismo podrá ser base para la apología o detracción.

Es cierto que se debe generar un modelo burocrático que permita operar las propuestas del líder, pero no es suficiente para mantener intacto el discurso, pues se necesita un emisor, sin él las palabras pronunciadas son otras, hay un nuevo acto discursivo que se configura con un nuevo líder que dará pie a la comparación.

El propio Hugo Chávez descubrió que el gobierno personalista podía estar inspirado en otros líderes, pero que su práctica implicada que el líder no podía convertirse en un ídolo anterior. Por ejemplo, Chávez quiso ser como Fidel Castro, su carácter e historia personal lo impidió, pero la admiración sirvió para moldear al Chávez del cual se despiden sus seguidores. Tampoco fue Simón Bolivar, pero lo ocupó para construir su retórica.

Durante su gobierno Chávez no hizo referencia a proyectos políticos, sí a soluciones económicas o sociales, él era el proyecto político. La propia construcción de su gobierno estuvo basada en su interpretación del socialismo y el contexto del Siglo XXI. Las interpretaciones teóricas, como las construcciones “teoréticas” son interpretaciones y complementos para fortalecer al chavismo en sus orígenes, pero no un proyecto ideado que el líder carismático llevó acabo.

Después de la muerte de Chávez, las fortalezas del chavismo son sus debilidades.

Chávez era el límite de todo, su sucesor – Nicolas Maduro- tendrá que mantenerse en los límites impuestos. Tratar de imitar a Chávez y sus excesos, sólo lo puede conducir a la crítica de los grupos moderados oficialistas que verán “excesos” que solo el fundador del chavismo se dio con el paso del tiempo. No interpretar un carisma similar al del mesías, generará dudas.

Por otra parte, ante la inexistencia del líder, todo error que se cometa caerá en la cabeza de un “inexperto” gobernante. Surgirán las frases “si Chávez estuviera, no hubiera pasado esto…”.

El chavismo siempre encontró en el pasado político de Venezuela y el enemigo externo -Estados Unidos- oportunidades para fortalecerse, era su primera vez en el gobierno y compararse contra lo que luchó reivindicaba todos los aciertos, los errores eran producto del mal estado de las cosas como consecuencia de gobiernos del pasado.

Ahora, las crisis que comienza a enfrentar Venezuela, el gobierno no las podrá achacar a gobiernos del pasado, pues se incluiría a Chávez, tendrá que asumirlos como propios.

Moisés Naím escribía a principios de año que el déficit fiscal superaba el 20% del Producto Interno Bruto (PIB) y que la devaluación de la moneda era inminente. Mientras Chávez intentaba recuperarse del cáncer en Cuba, Maduro -como vicepresidente- devaluaba la moneda.

No fue Chávez quien devaluó, sino a los que dejó de encargados. La interpretación parcial e ideológica en un futuro, será que los “encargados” traicionaron al “comandante” porque antepusieron sus intereses.

El nuevo líder del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), Nicolás Maduro, no puede culpar en su campaña al gobierno anterior, como lo hacía Chávez. No puede culpar al enemigo externo -Estados Unidos- del fracaso económico porque el modelo fue creado por el chavismo.

La fortaleza de enemistarse con las potencias mundiales que propuso Chávez para ganar liderazgo regional, ahora es una debilidad para el oficialismo, los aliados son dependientes económicos, no socios comerciales.

No hay un gobierno personalista con dos líderes. El chavismo está murieron y dando paso al “madurismo”, pero este es otra profecía que todavía no se sabe si será un éxito o fracaso.

Sí puede quedar en Venezuela como opción política el “bolivarismo”, o sea, las reformas socialistas, el nacionalismo político y económico que intenta dar respuesta a las demandas de los venezolanos, pero operativamente comienza a mostrar sus debilidades: Una nación dividida por culpa del nacionalismo, crisis económica y grupos sociales que dependen de la ayuda del gobierno sin contar con las capacidades suficientes para sobrevivir sin él.

El chavismo se puede resumir como un gobierno personalista que cobijó a los pobres sin enseñarles a sobrevivir sin él, solo a encontrar a los causantes de su pobreza. Enseñó a odiar.

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