El gobierno maternalista

Mujeres en México. Fotografía por Nikhol Esterás Photography
Mujeres en México. Fotografía por Nikhol Esterás Photography

A propósito de Bartra y la jaula de la melancolía

 Una mujer sumisa, una mujer lujuriosa, una mujer obediente, una mujer cabrona, una mujer caliente, una mujer comprensiva, una mujer con iniciativa, una mujer golpeada, una mujer amada, una mujer pariendo, una mujer con los senos firmes, una mujer cocinera, una mujer 90-60-90, una mujer callada, una mujer excitada, una mujer sin voto, una mujer violada, una mujer madre, una mujer ante el altar, una mujer en la cantina, una mujer estudiando, una mujer educando, una mujer culera, una mujer misionera, una mujer revolucionaria, una mujer sólo pa’ la casa, una mujer en cada puerto, una mujer impúdica, una mujer seductora, una mujer receptora, una mujer fría, una mujer puta, una mujer persignada, una mujer monja, una mujer difícil de coger, una mujer haciendo el amor, una mujer sin queja, una mujer en el orgasmo, una mujer sin orgasmo, una mujer en el desierto, una mujer muerta, una mujer matando, una mujer política, una mujer robando, una mujer clara, una mujer corrupta, una mujer mexicana… una chingadalupe.

Invertir la interpretación histórica política del siglo XX

Este será otro Día Internacional de la Mujer donde los datos nacionales recuerden que a pesar de ser mayoría poblacional, las mujeres siguen manteniéndose como minoría política, a lo mejor, la más mínima de todas.

Desde los años 60, la mujer se convirtió en nueva actora en los movimientos sociales que intentaban desmarcarse de los distintos sistemas y regímenes políticos preestablecidos. Poco a poco, los grupos feministas lograron ganar adeptos y adeptas que generaron un frente unido para institucionalizar sus demandas. Hoy, lo más importante que se puede recordar de las luchas feministas del siglo XX, apunta al derecho a votar y su participación en cargos de elección popular.

En el caso mexicano, la mujer tiene derecho al voto y actualmente, por ser mayoría, tiene mayor peso en la votación de cada proceso electoral. Aunque ha logrado superar en número a los mexicanos, la mujer sigue teniendo espacios mínimos dentro de la arena política nacional.

Los logros femeninos en política, son mástriunfos personales que de género, así, por ejemplo, tenemos a Elba Esther Gordillo que controla el sindicato de maestros y con un poder que le ha permitido influir de manera considerable en quien puede ser presidente de este país. También tenemos a Martha Sahagún, que como primera dama en el sexenio de Vicente Fox, su actual esposo, logró influir de manera importante en las decisiones que tomaba el poder ejecutivo, como quién integraba el gabinete presidencial.

Estos ‘logros’ se han debido a la magnífica operación política que han tejido por años, pero desde las trincheras de poder que cada una controla, no han logrado generar que las pautas políticas cambien a favor de la mujer. Su trabajo para permitir el empoderamiento de la mujer ha sido al contrario, al entrar al “juego político de los hombres” sólo se han dedicado a reivindicar el juego que ha permitido el dominio de éstos en la arena política.

Aunque las mujeres que actualmente se encuentran en puestos políticos importantes, lograran cambiar las reglas del juego a su favor ¿Sería positivo para la democracia? ¿Terminarían con el actual modelo cultural que impide el avance democrático? ¿Reformularían los caminos que ha tomado México? o simplemente ¿Cambiarían los roles de dominadas a dominantes? ¿Pasarían de víctimas a victimarias?

Se ha dicho que durante el periodo priista en el poder ejecutivo, vivimos bajo gobiernos “paternalistas”, caracterizados por darle “lo necesario” al pueblo, sin que éste hiciera el menor esfuerzo por aprender a reproducir lo dado. El paternalismo intentaba (como un Estado de Bienestar a la mexicana, por los diferentes canales del poder) cubrir las necesidades que la población del país necesitaba. No sólo cubría las carencias de los más pobres, sus hijos inútiles, sino de todos aquellos que pudieran traerle un beneficio a la larga. A cambio de las políticas gubernamentales populistas que aplicaba, se logró desarrollar una imposibilidad individual y de clase, para poder crear opciones de superación que escaparan de las riendas del Estado. En otras palabras, la superación individual y de grupo no podía realizarse si el Estado no tenía injerencia. Desde recibir la despensa en comunidades rurales, la asistencia a Conasupo por la leche del Estado -las tiendas cooperativas dirigidas por las administraciones estatales- la educación dirigida desde el orden vertical federal y los miles de discursos nacionalistas que invitaban a la unión del Estado y la sociedad no por el propio Estado, sino por la patria: el nacionalismo revolucionario. El paternalismo, en el mejor de los casos, sigue presente. pero minado no mínimo.

Si viramos nuestra mirada al cine Mexicano, realizado durante el siglo XX, la representación del padre mexicano, como jefe de una familia tradicional, no corresponde, en la mayoría de los casos, a la imagen que se tiene del llamado ‘gobierno paternalista’ pues este padre del cine nacional siempre es desobligado con su familia, borracho, mujeriego, golpeador y tiende a menospreciar a sus hijos para incentivarlos a superarse y no terminar como él.

La mujer, la madre de familia, siempre es el contraste de este padre “dictador”, ella nunca piensa en ella, sino en lo que necesitan sus hijos, sale a su defensa cuando son agredidos y sabe ceder cuando las presiones suben de tono. Cuando la situación económica, moral, política, o cualquier otra, está mal en sus allegados, así esté muriéndose, la madre está ahí para dar apoyo. Lo que menos quiere una madre, es que sus hijos terminen alejándose de ella, que ya no la necesiten, lo que da pie a la riña y competencia con esa mujer “puta” que le roba a su hijo. A fin de cuentas, en el pensamiento de Roger Bartra y Octavio Paz, el mexicano siempre busca a esa mujer que le recuerde a su madre y lo trate como su madre, pero el reclamo y comparación con ella siempre estará presente.

Los gobiernos priistas responden más al símbolo colectivo y público de la madre redentora mexicana, porque aunque se le trate mal siempre va a estar presente; no importa que se le insulte, sabrá perdonar y atender, para eso está. El gobierno logró soportar todos los improperios y, desde esa imagen de perdón y olvido, atendió a todos porque era su obligación, su misión. Al igual que la clásica madre mexicana; así que al paternalismo mejor llamarle maternalismo, que como objetivo principal tuvo el crear una codependencia.

Las mujeres, al igual que los gobiernos priistas, siempre fueron los pilares de la eduacación. Lo que enseñaban no podía ser cuestionado ante ella o de manera pública, la crítica siempre se hacía en la ausencia de ésta o en lo oscurito. El cuestionamiento sale por si solo ¿qué tan culpable es la mujer mexicana de la cultura actual? Para responder, tendríamos que quitar el lado emocional que nos bloquearía de atentar contra todo un símbolo nacional, la c-h-i-n-g-a-d-a-l-u-p-e: aquella mujer redentora como madre, pero fogosa en la cama.

Reflexiones para la igualdad

La mujer mexicana, a pesar de los avances de los grupos feministas, se mantiene como el pilar de la educación del niño mexicano. La manera en que se ha reproducido la cultura de niñas y niños responde a ‘cómo’ se concibe la figura del padre y la madre. No se pueden demostrar los avances en la formación de la familia democrática porque siguen siendo mínimos.

Hay que sumarle la cultura autoritaria de ciertos grupos feministas que no buscan la equidad democrática -reconocer que hombres y mujeres no somos idénticos, pero sí merecemos por igual, el respeto a esas diferencias, esta equidad que explica que no se trata de tener los mismos derechos, sino de tener los existentes más los específicos que cada grupo social necesita-, estas autoritarias reivindican a la mujer no para permitirle crear sus propios derechos, sino para meterla a un mundo de hombres que niegan las diferencias, físicas, sexuales y funcionales que ella tiene.

Si no se invita al derecho de la diferencia para crear más derechos, será difícil que la mujer comience a aportar los cambios que esta democracia necesita. Si ella es insertada en los modelos masculinos actuales para intentar competir y ganar los puestos de poder, la democracia no sólo fracasará, sino que el autoritarismo regresará con más fuerza, pero esta vez saldrá del útero materno.

Nota: Publicado en el suplemento político Ágora en marzo 2009. 

2 Comments

  1. David

    Se le van a ir con todo las feministas profesor. Ja! Es un análisis que tiene algunas consideraciones importantes. Comparto la idea de que si bien esa pasividad originada por nuestra formación paternalista no esta ya del todo visible si se encuentra aún fragmentada en algunos espacios de la sociedad, solo que se manifiesta de manera diferente para subsistir dentro del imaginario colectivo. Saludos prof.

Comments are closed.