¿Contribuye la división del PRI a la democracia en Oaxaca?

¿Un cajón para el PRI en Oaxaca?

OAXACA, México.- La oposición en México, después de la alternancia en el poder federal, ha tenido como característica el no ser colaborativa con la transformación del régimen autoritario en democrático.

 

En el caso del Partido Revolucionario Institucional (PRI) desde que es oposición ha vivido varios procesos para mantenerse unido y seguir siendo una fuerza política muy por arriba del umbral para influir en las cuestiones políticas del país.

 

Manteniendo las sanas distancias, el proceso de transición en Oaxaca cada vez se parece más, en lo general, a los primeros años de alternancia federal, pues tenemos un PRI que no ha comprendido su papel de oposición, pero sobre todo que no muestra una actitud democrática, a pesar de mantener en sus discursos términos rimbombantes sobre esta forma de gobierno.

 

Así, el PRI desde que perdió el poder en Oaxaca se la ha vivido en su lucha interna por ver quién se queda con el cascajo de un edificio político totalmente sacudido por el fervor ciudadano. Ante la derrota del 4 de julio del 2010 siguen buscando culpables y quién se las pague. No aceptan que la ciudadanía en Oaxaca poco a poco se ha ido gestando, y que su poca participación, en un momento determinado, puede derrotar al modelo de cacicazgo político que los ha mantenido tantos años en el poder y ahora, en el canal lateral del poder, por aquello de que no tienen la silla de gobernador.

 

Dichos de expulsiones han ido y venido y sólo a los priistas les preocupa su “guerrita” por el tricolor oaxaqueño. Sólo cuando el gobierno hace algo malo en Oaxaca se toman un tiempo para salir a decir que todo está mal, que no tienen interés en gobernar y que siguen haciendo falta muchas cosas para que el “gobierno de la alternancia” haga bien las cosas. Que más da si se descaran diciendo que no notan diferencia entre lo que ellos hacían y con ello se asestan el calificativo correcto: autoritarios, pero ahora en manos de los políticos de la “alternancia”; o sea, el mensaje a la ciudadanía en Oaxaca es que ellos no son mejores sino iguales, apostando a que el ciudadano entienda que todos son mediocres, corruptos, violentos, machistas y lengua larga. ¿Qué busca el PRI con este discurso? Al menos no una transformación interna que los ponga como demócratas, sino la frustración ciudadana al reducir la democracia a los políticos de la “alternancia”.

 

Después de que en la prensa no hay eco o una respuesta a las críticas que hacen al gobierno de la alternancia, regresan a la lucha interna donde ellos y sus tricolores contrarios se responden todos los días. No hay duda, tienen su guerrita particular.

 

En Oaxaca el PRI ha vuelto a demostrar que sigue sin entender de qué se trata el mandato popular y la democracia, siguen actuando bajo una lógica autoritaria en la cual se busca imponer una de sus tribus en el control del partido en Oaxaca.

 

A la ciudadanía este descontrol tricolor no le afecta en lo más mínimo, al menos que empiecen a cerrar calles, pues es un conflicto interno como he dicho, pero sí beneficia a los llamados partidos “oficialistas” de estos días, ya que al tener una oposición dividida, como se comienza a ver con el PRI, se puede gobernar más fácilmente, pues las críticas son opacadas por las rencillas internas que manifiestan y sobre todo, el grupo parlamentario se divide muy fácilmente, ya que no todos son de una misma tribu.

 

La oposición dividida se está convirtiendo en el escenario favorable para el avance democrático en Oaxaca o al menos para que el gobierno de la alternancia no tenga pretexto de que no puede avanzar. Además, los pleitos en el PRI se han configurado como un problema de intereses entre priistas que al gobierno de la alternancia le ha salido sumamente conveniente, pues no se desgasta con posibles trascendidos sobre su influencia en la disputa interna. Los golpes que se dan en la sede del PRI son entre puros priistas, ellos han desnudado a un partido que no sabe que hacer sin un gobernador que ordene o un tirano que los mantenga a raya.

 

¿Qué esperar del PRI?

 

Cuando terminaba este artículo, el politólogo mexicano José Antonio Crespo, reconocido por sus trabajos sobre el priismo, publicaba un artículo en el diario El Universal llamado “ PRI, el lujo de ser el mismo” (29/03/11) en el cual demostraba que no se podía esperar nada de este partido ex-hegemónico para la democracia en México, coincido con él.

 

Es importante resaltar lo que Crespo señala en su artículo, pues demuestra que las prácticas autoritarias que existieron durante todas las décadas que estuvo en el gobierno federal siguen existiendo y así se eligió al candidato para la elección del 2010 en Oaxaca, el mismo proceso para el Estado de México:

 

“El destape del candidato priísta a la gubernatura del Estado de México es una réplica del modelo utilizado por ese partido en su época de oro. Hubo varios aspirantes que hasta el final eludían mostrar su interés en competir. Lo único que podían hacer los analistas era futurismo, es decir, hacer cálculos e interpretar las señales emanadas por el gran elector, en este caso el gobernador Enrique Peña Nieto, para adivinar quién sería el bueno (Crespo)”.

 

Además, es importante señalar que del PRI no se puede esperar algo que contribuya a la democracia en México, y lo mismo aplica para Oaxaca, como bien lo recuerda Crespo cuando señala que el expresidente Fox elogió a los jóvenes priistas:

 

“ …en las entidades donde aún gobierna en general ha mantenido las viejas prácticas y formatos de toma de decisiones; de manera vertical y unilateral con la pasividad y obediencia de los diversos grupos, sectores, corrientes y dirigentes. Lo llamativo de este caso es que justo ahí es donde más claramente se ha dado el cambio generacional dentro del partido, ahí gobiernan los jóvenes que presuntamente provocarían una nueva forma de hacer política, que dirigirían una renovación política del partido. Peña Nieto, Del Mazo y Ávila son prototipo de esa nueva generación que ha relevado a la vieja clase priísta, pero sin modificar sus usos y costumbres. Son éstos los jóvenes de quienes Vicente Fox asegura: “Qué bueno que nos deshicimos de aquel (viejo) PRI. Si (el PRI) ha de regresar a gobernar, pues que sea con una nueva generación, que tenga una nueva forma de pensar y, sobre todo, con convicción de libertad de democracia, transparencia y de rendición de cuentas y de buen gobierno” (1/jul/10). ¿De qué habla Fox? Jamás entendió lo que ocurría en su entorno”.

 

Vale decir, que el PRI puede mostrar rostros jóvenes, pero con mentalidades autoritarias que pertenecen al pasado de un México violento, donde la política se entendía como violencia y agandalle, eran y se siguen sintiendo los “chingones”, los que chingan al que se deja.

 

Por supuesto, que un ex-partido hegemónico siga teniendo tanta presencia en la política mexicana, se debe a que las fuerzas democráticas siguen siendo muy débiles en el país y que los partidos “democráticos” o que promovieron la alternancia siguen sin dar el paso a la madurez democrática, poniendo en clave democrática al sistema político.

 

NOTA: Publicado el 30 de marzo en www.adnsureste.info