La desconfianza de los puros

Soy puro ¿y qué?

OAXACA, México.- ¿Se conocían aquellos que han ocupado las plazas de los países del Magreb que están viviendo sus revoluciones o revueltas para terminar con regímenes represores? ¿Son todos los que ocupan esas plazas o salen a las calles a manifestarse integrantes del mismo partido político, organización social o movimiento?

Aquellos que hoy ocupan las plazas y que son protagonistas de la “Ola de cambio en el Mundo Árabe” son personas que salieron por interés individual a sumarse a las manifestaciones, se han organizado por medio de las redes sociales y más que buscar las diferencias que los puedan separar, se han basado en las coincidencias mínimas que tienen, sean musulmanes, progresistas, tradicionales, conservadores, apartidistas, integrantes de una organización prodemocrática o promusulmana, y esta “coincidencia” es el hartazgo que se tiene sobre el régimen que los gobierna. Lo que ahora sigue tiene que ver con la organización de la pluralidad que se ha hecho pública, reconociendo que algo los une: estar hartos con la situación actual y el buscar que esto cambie.

En Oaxaca, después del proceso electoral que se vivió en el 2010 y que terminó por derrotar al partido hegemónico que soportó el régimen autoritario oaxaqueño, está sucediendo algo similar al reconocerse en el espacio público como lo que ha sucedido en el Magreb y sucede en otros lugares del mundo. Esto tiene que ver con el fenómeno de que muchas personas que no participaban en eventos políticos ahora lo hagan. Son los menos, los que no tienen una agenda como los clásicos grupos gremiales, organizaciones corporativistas o movimientos sociales que han existido desde hace mucho tiempo en este territorio. Su coincidencia: estar hartos con la actual situación que vive el sistema político oaxaqueño.

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El contexto en el que se desarrolla lo que sucede en el Magreb es muy distinto al que se presenta en Oaxaca, pero lo importante es señalar la inusitada manifestación, pequeña, de oaxaqueños que han decidido organizarse por las redes sociales y salir a las calles para señalar que ya no apoyan la forma en la que se hace política en Oaxaca, o sea, entender a esta como violencia. Recurro al ejemplo externo, porque evita las posturas dogmáticas si se compara con otros eventos sucedidos en Oaxaca.

El llamado movimiento ciudadano “Levanto la voz” que lleva como propuesta “más propuestas, menos quejas” es una apuesta por tratar de incidir en la forma en que se entiende la política en Oaxaca. No hay mucha organización, no se sabe cuánto funcionará, ni cuánto durará; tampoco se sabe si terminará en manos de algún partido político que lo colonice, mucho menos si alguna organización que ya existía en el régimen autoritario se podrá montar en él y terminará por adueñarse del movimiento. En pocas palabras, es más fácil que fracase a que triunfe. Al igual que lo hemos visto en otras partes del mundo y vemos ahora en el Magreb, todo depende de los ciudadanos que se organizaron por las redes sociales y que no permitieron que el objetivo de sus manifestaciones públicas se desviara o se confundiera. El objetivo de los movimientos ciudadanos siempre es claro: incidir en el sistema político para que deje de actuar de una manera que no es considera positiva por la parte activa de la sociedad, la sociedad civil.

En este sentido, las debilidades de los movimientos ciudadanos cuando comienzan a vivir en la instauración democrática, o sea, los primeros años a la caída del partido que soportaba al régimen autoritario, son realmente amplias, pues los ciudadanos apenas comienzan a comprender el rol que juega la ciudadanía en la democracia y se encuentra bajo la incógnita de si su participación activa en la política puede causar más inestabilidad a los nuevos gobernantes o si su silencio y espacio al nuevo gobierno permite que aparezcan o permanezcan las prácticas autoritarias contra las que luchó.

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Una de las características del proceso de transición política en Oaxaca, y que cada día asoma más la cara, es la desconfianza que se ha generado hacia los políticos, pero también que ha surgido entre la sociedad. Nadie confía en nadie y si se hace, sólo es en el espacio privado y entre aquellos que tenemos tiempo de conocer, pero la participación en lo público, tiene el estigma de estar marcada de intereses individuales que no son favorables para la colectividad.

La poca participación ciudadana, fuera de los canales tradicionales y de los grupos que han estado siempre en el poder político, sea como gobierno o grupos de presión e interés, es un síntoma de la atomización de la sociedad que fue producido por el régimen autoritario. Es muy cierto que en Oaxaca ha existido siempre una movilización por parte de organizaciones y gremios, pero estos han velado por sus intereses particulares y muchos de ellos han tenido el objetivo de tomar el poder.

Los movimiento ciudadanos pueden tener su agenda como organizaciones, pero la sociedad civil tiene una agenda pública que permite que todos aquellos que son de corte democrático puedan entrar en el espacio público político; además, la sociedad civil tiene como característica que no le interesa tomar el poder, pero sí incidir en él.

Más allá del movimiento “Levanto la voz”, lo importante es que comiencen a surgir más movimientos y organizaciones que busquen recuperar la confianza horizontal, ciudadano con ciudadano, sin la necesidad de la participación del gobierno. Esto sería significativo, pues los oaxaqueños demostrarían que no sólo saben quejarse y esperar que el gobierno resuelva las cosas, sino comenzar a fincar las fronteras del espacio público político y de lo social sin la necesidad del control administrativo del gobierno.

Es necesario hacer realidad aquella frase de que “el gobierno se debe a la sociedad, no la sociedad a este”, pero es más necesario que el ciudadano se dé cuenta que la democracia y vivir en una sociedad en paz, depende de él y no de nadie más. ¿Demasiado normativa la idea? Puede ser, pero en mi defensa, argumentaría que la democracia se construye todos los días y que está todo por hacerse, hasta la misma sociedad civil. ¿Y es igual de “normativo” que aquellos que manifiestan que por pureza, su muy “digna” pureza, no se unen a nada y sólo critican todo? Obvio esto si es lo más sencillo.

NOTA: Publicado en el suplemento Ágora el mismo día que en este blog.

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