El inicio del fin

El inicio del fin/Foto tomada de la página oficial de Gabino Cué
El inicio del fin/Foto tomada de la página oficial de Gabino Cué

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OAXACA, México.- Este es el primer artículo que escribo bajo un gobierno estatal que tiene la posibilidad de construir democracia en Oaxaca; también, es el primer artículo que ya no escribo bajo el régimen autoritario oaxaqueño que estuvo vigente por 80 años encabezado por el hegemónico Partido Revolucionario Institucional. Ante esto, me congratulo con los cambios que se están viviendo en el sistema político oaxaqueño, que no hubieran sido posibles si la sociedad oaxaqueña no lo hubiera hecho con esa vocación democrática que reflejaron el 4 de julio del 2010, pero no por este ambiente, debemos descuidar el camino que se ha construido y tenemos que entender qué es lo que viene, sobre eso versa este artículo: de dónde partimos y la instauración democrática.

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I

Es imposible regresar al pasado político de un sistema autoritario. Lo único que podemos hacer es tratar de imitarlo o que sea lo más parecido a lo que alguna vez existió. Regresar al régimen autoritario priista que acaba de caer este 1º de diciembre del 2010 con la entrada de Gabino Cué Monteagudo es imposible, pero si es muy posible tener una nueva variante autoritaria, donde exista una nueva clase política y diversos métodos que impidan la democracia, teniendo como consecuencia que no exista la participación ciudadana, la libertad y la igualdad. En este sentido ¿puede fracasar la transición política desde un régimen autoritario hacia un democrático en Oaxaca? Sí, pero no es una vuelta en “U”.

Tenemos que entender que los componentes del sistema político oaxaqueño están en pleno proceso de cambio en el centro del poder político vertical desde que el PRI fue derrotado en el proceso electoral de este año. Ante esto, el reacomodo que se está viviendo al interior de las unidades del sistema político permite que exista una variante democrática entre los nuevos actores que se suman. También, debemos comprender que las fuerzas democráticas que pueden haber derrotado al régimen autoritario priista no siempre son parte de la sociedad política, entendiendo a esta como los grupos políticos que tienen la posibilidad de acceder al poder o tienen interés en tomarlo, sino que también se localizan en la sociedad civil y han decidido dar la confianza a un conjunto de grupos para que tengan la posibilidad de gobernar, porque reconocen en ellos la voluntad para permitir la construcción de un régimen democrático. Ante esto, podemos tener una sociedad civil fuerte y una sociedad política débil, pero que es empujada por la primera para acceder al poder; por supuesto, los otros escenarios, como son una sociedad política fuerte con corte democrático y una sociedad débil o las dos a la mitad del proceso de institucionalización, no se pueden descartar.

He querido hacer esta aclaración porque se me hace importante entender que una cuestión es la conformación del sistema político en su núcleo, o sea, aquellos sectores de la sociedad política que son gobierno, y otra el lugar que ocupa la sociedad civil en él, como un sistema o mundo de la vida que incide en él, como también lo hace en el sistema económico.

II

Es importante entender que para que la instauración democrática, etapa en la que se encuentra Oaxaca después de la alternancia en el poder ejecutivo, pueda llegar a buen término se necesita la voluntad de las dos partes: la sociedad civil y los gobernantes de la alternancia. También debe quedar claro que muchos de los grupos que por años conformaron el bloque autoritario se conviertan en moderados y políticos colaboracionistas en determinado momento con la democracia, más que tener una vocación democrática, lo que están buscando es sobrevivir y mientras los partidos políticos que le han apostado a la democracia no creen esos cuadros que van a gobernar, será difícil que estos políticos “moderados” puedan dejar de ser útiles al sistema.

Mi punto en el caso oaxaqueño es que el primer déficit democrático del gobierno de la alternancia es el gabinete de Gabino Cué, pero también es fortaleza para la gobernabilidad si es bien encausado. Primero, es un déficit porque demuestra que los partidos políticos de oposición perdieron diez años extras si se compara con la alternancia federal para construir cuadros de gobierno y no sólo electorales. O sea, la oposición oaxaqueña tiene cuadros que les permiten salir a buscar el voto en cada procesos electoral que han logrado (unidos) superar en la cuestión de votos al Partido Revolucionario Institucional. Ahora que son gobierno, se puede observar a plena luz que el gabinete de la alternancia está trasladando gran parte de los “cuadros electorales” a puestos de gobierno y recurriendo a priistas que estaban relegados en los cimientos del sistema sin incidir de manera importante en el grupo que dirige actualmente los destinos del PRI oaxaqueño.

El gabinete tiene en su mayoría a seres en tránsito, personajes políticos que provienen del viejo régimen autoritario priista y que han apoyado la alternancia en el poder, en ellos se localizan bien asimilados los principios “autoritarios” y algunos valores democráticos que todavía no se han instaurado. Es normal que el origen de los funcionarios sea el priista, porque fue un partido hegemónico y se debe comprender que hace apenas un año, si alguna persona estaba interesada en hacer política partidista, la primera opción era el PRI, pues tenía el poder y su función era mantenerlo. Otra cuestión que debemos entender en Oaxaca es que los políticos que llegan al poder son políticos, o sea, seres humanos con virtudes y defectos, por ello no debemos verlos como héroes, sino vigilarlos como seres humanos.

III

En el caso de la sociedad civil, su labor es todavía más intensa, apabullante y complicada que el que tiene la sociedad política. Aunque, esta última puede limitar en cualquier momento el alcance de la primera. De manera general, se puede señalar que la democracia y la búsqueda porque esta realmente exista encuentra su núcleo de sobrevivencia en la sociedad civil y no en la sociedad política. Ante esto, si la democracia en Oaxaca puede llegar a buen puerto, tiene que existir una sociedad civil no sólo movimentista: que siempre anda tomando calles y manifestándose, sino también una sociedad civil que aprenda a institucionalizar sus demandas.

La institucionalización de las demandas de la sociedad civil debe de pasar porque los grupos al interior de esta reconozcan que a pesar de sus antagonismos, agendas particulares, objetivos, enfoques, tienen una agenda en común. La existencia de acuerdos mínimos al interior de la sociedad civil oaxaqueña es lo que ha permitido el triunfo de una oposición que unió a los que comúnmente se conocen como partidos políticos de derecha e izquierda. Si la sociedad civil, parte activa de una sociedad en el espacio público político, hubiera considerado, en su gran mayoría, que las alianzas no conducían a un cambio democrático simplemente se abstiene de participar en las urnas y hubiera alargado hasta otro proceso electoral para elegir gobernador la alternancia en el poder ejecutivo de Oaxaca.

Después de esta agenda común, que en un proceso de instauración parte de la Reforma del Estado, poner en clave democrática al sistema político, el proceso de institucionalización tiene que ver con la sociedad política, que esta recoja las demandas de la ciudadanía y las convierta en leyes. Cuando la agenda de la sociedad civil logra marcar la agenda de la sociedad política y son aceptadas las nuevas normas democráticas, estamos hablando de que el proceso de instauración democrática está avanzando.

En los párrafos anteriores he estado hablando del déficit democrático que ha vivido México y su sociedad civil, pues la mayoría de su agenda ha sido reconocida por los políticos mexicanos, pero no ha sido promovida para ser institucionalizada, o sea, convertirse en ley.

Aunque el peso de los funcionarios políticos que integran el gabinete de Gabino Cué es importante, lo verdaderamente trascendental para la instauración democrática es tener una sociedad civil que esté encima de todo el núcleo del sistema político para transformarlo. Una sociedad civil que no se desmovilice, pero que también deje en claro que la agenda común tiene como objetivo la transformación del sistema político para que esté en clave democrática, tener un régimen político democrático, para que se posibilite la forma de vida democrática en un futuro. El inicio del fin autoritario está en los ciudadanos, no en las migajas que dé la clase política oaxaqueña. Está en la posibilidad de que esas migajas cada día sean más, hasta que por fin dejemos atrás la cultura autoritaria.