La revolución democrática de Oaxaca

Hoy quiero escribir con la emoción y el entusiasmo a cuesta…

Ahora prefiero regodearme con el triunfo de la democracia en mi país.

César Cansino, Principio y fin. Política para ciudadanos.

Voto
El 4 de julio las minorías demostraron ser la mayoría que anhelaba la alternancia hacia la democracia.

Oaxaca de Juárez, 6 de julio.- Era, porque ya no es, un sueño largamente anhelado, ahora es un hecho. Diez años y dos días después de que el país obtuviera la alternancia en el poder ejecutivo federal, Oaxaca y los oaxaqueños concluyen ese sueño largamente anhelado que tuvo un camino lleno de pesadillas, violencia endemoniada, miedos que se creían de nacimiento y una esperanza que siempre, ¡siempre!, se negó a morir: el Partido Revolucionario Institucional ha caído en Oaxaca y con él han caído ochenta años de régimen autoritario, asesinatos selectivos y secuestro de opositores. Ha caído porque así lo han decidido los oaxaqueños, nadie más. Ahora, la revolución democrática en México ha obtenido un triunfo más en una batalla que hace seis años perdió ante un dinosaurio más paleolítico que al que derrotara en el año 2000.

Los oaxaqueños hemos despertado sabiendo que Oaxaca es nuestra, que ha regresado a las manos, al cuerpo plural al cual pertenece y del cual la habían secuestrado desde hace ochenta años, bajo la lógica y pretexto de la incapacidad para autodirigirse, aquella que sigue presente todavía en los incrédulos articulistas e intelectuales orgánicos que se niegan a reconocer la capacidad de libre albedrío que ha desarrollado el oaxaqueño a lo largo del siglo XX.

Simplemente, el monstruo era de papel, faltó soplarle un poco para ver como se derrumbaba aquel que en el 2006 se vanagloriaba de sentirse indestructible, asesino, tirano, violento, altanero y egocéntrico: ¡Oaxaca soy yo!. Pues cuatro años después, ni las calles del centró histórico que se remodelaron, ni las carreteras construidas, ni las decenas de hospitales y centros de salud hechos, ni el dinero que se ha despilfarrado para comprar votos, ni el miedo infundido por todos los periódicos de Oaxaca, ni los periodistas que se coludieron (pactar el daño a un tercero) con los políticos priistas para generar un mito sobre el 2006, impidieron que los oaxaqueños escogieran votar por la libertad, por ser responsables de la construcción de la sociedad, o sea, votar por la democracia, por ponerle orden al caos que el último tirano ha hecho. ¿Cuánto vale la libertad? No tiene precio, por más que se cumplan compromisos que supuestamente mejoran a Oaxaca, pero que no hacen nada por cumplir lo que los oaxaqueños demandan: la caída del régimen autoritario. Por eso perdió el PRI, por autoritario. Es tan troglodita que ningún político oaxaqueño ha estado a la altura para hacer el papel de Ernesto Zedillo.

Por el momento festeja Oaxaca, que es tu triunfo. Deja que los periodistas de siempre, los intelectuales orgánicos, los incapaces de vivir en libertad, de hacerse responsables de sus vidas, los burócratas que decidieron seguir votando por mantener su trabajo y sus trogloditas costumbres de comer en la oficina y esperar la mordida cotidiana, los verdaderos enanos que se subían en sancos para parecer gigantes, te vuelvan a inventar que el PRI perdió porque así lo decidieron los poderes ocultos del poder federal que ocuparon a las televisoras nacionales para hacerle la mala jugada de toda la vida a los pobres asesinos del PRI oaxaqueño. Deja que sigan contando las historias de la conspiración en contra de Oaxaca, porque en el fondo sabes que lo único que derrotó al PRI fue tu voto, pero deja que los autoritarios sigan hablando, buscando una explicación, ellos no entiende de libertad, mucho menos de autonomía de pensamiento. Ya habrá tiempo para hacer el análisis frío de esta victoria que no es sólo electoral, sino la firme decisión de cambiar, de transitar desde un régimen autoritario hacia uno democrático, sabiendo que este último no se construye desde el gobierno y las elites, sino desde abajo, desde la ciudadanía, desde en medio, desde los lados, desde un mandar obedeciendo.

La derrota de la mayoría, la victoria de la minoría

La obligación de mi generación es contradecir la historia, es crear la suya, construir las bases de una sociedad que la hagamos tod@s. Lamentablemente cada día son más aquellos que tienen el Síndrome Benjamin Button: piensan como viejos siendo jóvenes. Esos Button son los que mañana votarán por el PRI, para no perder l o que les han heredado: Un Oaxaca Jodido y con premios a la mediocridad. César Mendoza,  madrugada del 4 de julio en su Facebook

Ahora el PRI ya no puede presumir que es la mayoría de siempre y en sus patadas de ahogado para intentar decir algo en medio del shock que le ha provocado la derrota, sale con la declaración enana de seguir siendo la primera fuerza electoral de Oaxaca, que si los partidos, los movimientos sociales, las organizaciones no gubernamentales y los ciudadanos independientes no se unen, no hubieran perdido. Lo que no entienden y no han querido entender desde hace más de 10 años, es que las fuerzas democráticas son sólo homogéneas por creer en la democracia, pero que son heterogéneas en sus comportamientos como organización, pues desde ellas surge la pluralidad y complejidad de la sociedad oaxaqueña actual. Hace unos cuantos meses, el dinosaurio oaxaqueño insistía en que era una minoría la que no estaba de acuerdo en la forma de gobierno. En efecto, tenía razón en el hecho de verificar la minoría, pero la declaración no era en singular, sino en plural: unas minorías.

El 4 de julio comprobó que las minorías en Oaxaca son aproximadamente 630 mil 388 enanitos, como el dinosaurio priista los quiso hacer pasar durante todo el sexenio que en pocos meses termina. ¡Ojalá y fuera mañana mismo!

Agarra tus maletas PRI, vete ya, que aquí, aquí la democracia la construimos todos, porque no hay que olvidar que el factor de unidad para que las minorías se convirtieran en el gran Gulliver que hoy son, eres tú, PRI autoritario y asesino. Agarra tus maletas u organiza a tus enanos e intenta revelarte integrando a tus hombres de corazón diminuto, ármalos con palos y con balas asesinas e intenta asaltar al único gigante de Oaxaca, a las minorías que tanto negaste, a los que mataste constante, inténtalo y te encontraras con un gigante, con Gulliver respondiéndote con más votos, con más silencio ante tus encuestas y de pronto… del 27% de indecisos que creías con miedo, inspirado en llamadas telefónicas que invitaban a no votar, verás salir a las minorías que sencillamente te volverán a derrotar.

Es muy cierto, bajo el autoritarismo en Oaxaca sufrimos todos, lloramos juntos, pero jamás, ¡jamás!, perdimos la esperanza de ver a Oaxaca caminando hacia las urnas, bajo amenazas, violencia provocada desde las oficinas de gobierno, respaldadas por declaraciones de diputados federales que sólo sirven para generar miedo y no legislar, a tipos altaneros que con sus técnicas del agandalle tricolor nos querían mantener dominados, pero al final del día, nada te ha funcionado, te has caído como castillo de naipes ante el Gulliver que somos todos, todos los queremos vivir en plena libertad. Aquí ni la caña, ni la piña llevarán a Eviel a la gubernatura, pero es el que menos importa, era el títere del monstruo autoritario, aquí lo que importa es saber que el corazón del autoritarismo está en shock, herido de muerte y que ni siquiera una bala se necesito para lastimarlo, no soporto los votos, enterarse que la sociedad oaxaqueña ya no quiere vivir bajo la tutela de nadie, que ahora sólo quiere construir su sociedad.

El PRI nunca perdonará que los oaxaqueños de este siglo XXI sean mejor que él, porque el dinosaurio priista sólo alberga a los enanos: “el día que todos los enanos/unan sus herramientas y su odio,sus costumbres, sus vicios, sus carteras,sus horarios./ No podrán, no podrán, no podrán perdonarte que seas alto (Joaquín Sabina)”. Pero hay que pellizcar al votante de al lado, guiñarle el ojo al ciudadano que toma el espacio público y en nuestras diferencias reconocer que los demócratas oaxaqueños somos Gulliver, enfrentándonos con los votos al odio, vicios y costumbres autoritarias de todos los enanos que quisieron terminar con nuestras esperanzas, que minaron el camino, pero aun así, seguimos caminando, con nuestros muertos en la memoria: Oaxaca, nunca olvides los agravios que has sufrido… nunca.

Festeja Oaxaca que es tu triunfo, de nadie más, por más que los enanos busquen mil explicaciones, no hay pruebas, nunca las tuvieron. Festeja Oaxaca.

¡Bendita seas maldita democracia!

Escriba sus comentarios a: cesar.m.991@gmail.com

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