Ambulantaje: César Mendoza

Ambulantaje

OAXACA, México.- El ambulantaje es uno de los últimos males que ha provocado la inestabilidad económica en el país, como la falta de opciones laborales que alcancen para tener una vida con lo mínimo para poder desarrollarse en el México actual.

Oaxaca en el último sexenio del PRI vio un crecimiento de puestos ambulantes que tienen como características no sólo la falta de pago de impuestos, sino que se dedican a vender piratería y muchos de ellos, lo que probablemente son artículos robados o de dudosa procedencia.

El gobierno del municipio de la ciudad de Oaxaca desde inicios de su administración a principios de este año, decidió comenzar a combatir el ambulantaje, pues ya era un problema que se había salido de control en el trienio pasado.

Más que preguntarnos si la forma en la que están haciéndolo es correcta o no, creo que es importante saber qué tanto pueden enfrentarlo. O sea, saber cuál es su margen de maniobra y cuántos intereses puede afectar, ya que los ambulantes en la ciudad de Oaxaca están organizados bajo sigla que en la mayoría de los casos son protegidas por partidos políticos y organizaciones políticas que dicen luchar por la “democracia”. Por supuesto, auspiciar la legalidad es atentar contra la democracia.

Es muy cierto que en las tradiciones del mexicano y oaxaqueño se encuentran las prácticas del tianguis y el mercado, que es normal encontrarse a personas vendiendo sus artesanías, comida, frutas y verduras. Lo malo, lo que ha provocado que se llegue a violar flagrantemente la ley y, sobre todo se afecte a terceros, a ciudadanos como cualquiera de nosotros, es que se ocupe el ambulantaje y esta lógica de la tradición para vender piratería, violar derechos de autor, patentes, se robe, se reproduzca ropa de determinada marca sin permiso, se engañe al consumidor y sobre todo, se atente de manera burlona, contra aquellos que compiten desde el mercado formal.

En efecto, la piratería no solamente afecta a grandes competidores, sino también a aquellos comerciantes que han decidido respetar ciertas reglas, pues no siempre todas. Por otra parte, el ambulantaje con piratería demuestra que aquellas hipótesis que sostenían que los “parados” se iban a poner un “changarro” por necesidad comienza a perder credibilidad cuando se observa que los ambulantes ya no sólo tienen un negocio de discos y dvds piratas, sino que han puesto “sucursales”. Por supuesto, la corrupción de las autoridades y la protección de los líderes ha permitido esto.

Basta con ir al parque Juárez de Oaxaca, mejor conocido como “El Llano”, los jueves en la noche o los viernes cuando se quita el tianguis para observar los vehículos que muchos “ambulantes” por “necesidad” venden piratería tienen. Basta acercarse a una de las mujeres que controla el tianguis y preguntarle si uno puede instalar el puesto para escucharle decir que “son 30 pesos” por el pedazo de parque que le toca al “emprendedor”.

El ambulantaje no sólo atenta contra grandes corporativos, atenta, sobre todo, contra la ciudadanía y enaltece la corrupción y la falta de respeto entre nosotros cuando fomenta la piratería. Además, demuestra que somos una sociedad corrupta o que, al menos, es tolerante a la “corrupción”.

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